Errores al cerrar la piscina que acaban en obra en primavera

Categoría: Mantenimiento

errores al cerrar la piscina

Una piscina que abres en abril con el agua verde se recupera en una semana con cloración de choque y filtración. Otra que abres con el gresite despegado, un skimmer partido o una tubería que pierde agua bajo la playa necesita albañil, fontanero y, a veces, levantar el pavimento.

La diferencia casi nunca está en el invierno que ha hecho, sino en cómo se cerró la piscina en octubre o noviembre.

Vaciar la piscina para protegerla: el error que más obra genera

Parece lógico: si no hay agua, no hay nada que se hiele. Pero un vaso enterrado está pensado para trabajar lleno. El agua empuja hacia fuera, el terreno empuja hacia dentro y las dos fuerzas se compensan. Cuando la vacías, solo queda el empuje del terreno y en invierno el terreno del norte está empapado.

Con lluvias continuadas sube el nivel freático y el agua del subsuelo presiona el vaso desde abajo. Una piscina prefabricada de poliéster o fibra pesa poco y ese empuje puede levantarla varios centímetros y descolocar tuberías, coronación y playa.

Un vaso de hormigón pesa lo suficiente para que el riesgo de flotación sea menor, pero la presión se descarga en fisuras en las paredes. Por eso, muchas piscinas de hormigón llevan una válvula de alivio hidrostático en el fondo. Si la tuya no la tiene, o no sabes si la tiene, vaciarla en invierno es jugársela.

El revestimiento también lo paga. Sin agua, el gresite y el porcelánico quedan expuestos a ciclos de helada y deshielo. El agua que entra en las juntas se congela, aumenta su volumen y va abriendo el material de agarre; así que en primavera aparecen las placas sueltas. Salvo que haya una obra programada, la piscina debe pasar el invierno llena.

Cuánto bajar el nivel depende del vaso

El error contrario es bajar el nivel «un poco más, por si acaso». Cuánto se baja depende de cómo esté construida la piscina.

En una piscina con skimmers y revestimiento de gresite o porcelánico, lo habitual es dejar el agua unos 10 o 15 cm por debajo de la boca del skimmer, o mantener el nivel y proteger el skimmer con un compensador de hielo. Este es un rango orientativo que puede variar según el fabricante del skimmer y el sistema de protección; pero generalmente no hay motivo para bajar más.

En una piscina de liner, bajar de más es directamente peligroso. La lámina de PVC necesita el peso del agua para mantenerse tensa contra las paredes y con el frío se contrae. Aquí se baja lo mínimo imprescindible y se protegen los skimmers en lugar de dejarlos en seco.

En una desbordante no hay skimmer, pero sí un vaso de compensación y un canal perimetral. El error típico es parar la depuración y dejar el vaso de compensación lleno y el canal con agua estancada. Habitualmente, el nivel del vaso se baja lo justo para que no rebose al canal, mientras que el canal y sus tuberías se vacían; aunque conviene revisar el diseño de la instalación en concreto para determinar la actuación exacta.

El hielo no rompe el vaso, rompe lo que tiene agua atrapada

Una masa grande de agua tarda mucho en congelarse y, como mucho, forma una lámina en superficie. Lo que se rompe son los puntos donde queda poca agua encerrada entre paredes rígidas: el cuerpo del skimmer, los tramos de tubería sin pendiente, las boquillas y los focos. Dentro de la caseta, el filtro y la bomba.

El skimmer partido es la avería más común después de una helada. Y de las más engorrosas porque para cambiarlo hay que picar alrededor. Lo mismo pasa con una tubería que revienta bajo el pavimento.

Por eso, filtro y bomba se vacían por sus tapones de purga, las boquillas llevan tapones de invernaje y los skimmers se protegen.

Pero el riesgo no es igual en todo nuestro entorno. En la costa de Bizkaia o Gipuzkoa las heladas son pocas y suaves; así que hay quien cierra durante años sin purgar nada y no recuerda la última vez que tuvo problemas por ello. Pero en la Llanada Alavesa, Burgos, León o Palencia; ese mismo cierre acaba mal el primer invierno frío. Lo que le funciona a un vecino de Getxo no vale para una casa en Vitoria.

Cuando la cubierta de invierno se convierte en una carga

La cubierta de invierno frena las hojas y corta la luz que alimenta a las algas. Pero una lona es una superficie horizontal bajo la lluvia y, si no drena, acumula agua. Esto puede suponer muchos kilos tirando de los anclajes.

Esa carga acaba en la coronación y bordes, con anclajes arrancados y piezas de piedra partidas o sueltas. Los fallos habituales son tensar poco la lona, no revisarla después de un temporal o elegir una cubierta sin sistema de drenaje.

Aunque cada vez se dan menos, con un otoño largo y lluvioso, una bomba de achique sobre la cubierta cuesta poco comparada con reponer la coronación.

Si cada primavera se repite el mismo daño, el problema no es el cierre

Hay piscinas que se cierran bien y aun así llegan a abril con desperfectos. Cuando una avería se repite año tras año, casi siempre el origen está en cómo se construyó.

  • Tuberías sin pendiente hacia un punto de vaciado, que retienen agua por mucho que se purgue el circuito.
  • Skimmers instalados sin espacio para un protector.
  • Coronación de piedra natural porosa, que absorbe agua y se desconcha con cada helada.
  • Casetas enterradas sin ventilación, donde cuatro meses de humedad y parada afectan a la bomba y al cuadro eléctrico.

Nada de esto se arregla cerrando mejor. Hay que ir a la causa y la intervención suele ser más acotada de lo que parece.

Uranor lleva más de 25 años construyendo y rehabilitando piscinas en Bizkaia, Araba, Gipuzkoa, Cantabria, Castilla y León o Asturias, y muchas de las reformas que hacemos empiezan por un daño de invierno. Si tu piscina llega a la primavera con el mismo problema cada año, déjanos revisarla, localizar el origen y decirte qué merece la pena rehacer y qué no.

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