Una piscina mal invernada no da problemas en noviembre… los da en marzo, cuando descubres el agua verde, una tubería agrietada o una bomba que no arranca después de meses parada.
Porque el invernaje no es «tapar y esperar»: es una secuencia de decisiones que determina si la puesta en marcha de la próxima temporada te cuesta una tarde o un fin de semana entero de reparaciones.
El equilibrio químico del agua es lo primero
El error más común al cerrar la piscina es dejar el agua «como está». Al fin y al cabo, no se va a usar, ¿verdad?
Pero es exactamente al revés: el agua estancada durante meses es el entorno donde las algas y las bacterias progresan sin que nadie las vea hasta que ya han tomado el vaso entero.
Antes de cubrir, hay que ajustar el pH a entre 7,2 y 7,6 y aplicar un tratamiento de choque seguido de un alguicida de invierno de liberación lenta, pensado para mantener el agua protegida durante varios meses sin intervención.
No es el mismo producto que usas en temporada, ya que los alguicidas de mantenimiento se agotan en días y los de invernaje están formulados para aguantar todo el periodo de cierre.
Si la alcalinidad total está descompensada, corrígela también en este momento; porque un agua desequilibrada acelera la corrosión de piezas metálicas y el deterioro de juntas, algo que en cuatro o cinco meses sin revisión se nota.
Qué hacer con el nivel de agua depende de tu piscina y de tu zona
Bajar el nivel de agua tiene sentido en piscinas de skimmer en zonas con heladas fuertes y prolongadas, porque el hielo dentro de las tuberías puede llegar a reventarlas. Pero en piscinas desbordantes, o en zonas del norte de la Península donde las heladas son puntuales y no persistentes (buena parte de Bizkaia, Gipuzkoa o la costa cántabra), vaciar de más puede ser contraproducente. Al final, dejas el vaso y el revestimiento expuestos a presiones que no estaban pensadas para funcionar en vacío.
La referencia general para piscinas de skimmer es bajar el agua entre 10 y 20 centímetros por debajo de los skimmers, lo justo para que no entre agua en el circuito de superficie durante el invierno. No hay que vaciar la piscina entera: eso sí es un error, y de los caros, porque expone el vaso a movimientos de tierra y presiones hidrostáticas para las que no está diseñado.
El circuito hidráulico: vaciar bien o mantener circulación, pero no a medias
Hay dos formas de invernar el sistema de filtrado:
- El invernaje pasivo consiste en vaciar completamente bomba, filtro y tuberías, retirar los tapones de purga y guardar cestas y accesorios. Es la opción más segura en zonas con riesgo real de heladas, porque el agua que queda atrapada en un tramo de tubería es lo que revienta el PVC cuando se congela.
- El invernaje activo mantiene la bomba funcionando unas horas al día para que el agua circule y no se estanque ni se congele en el circuito. Tiene sentido en climas suaves donde el riesgo de hielo es bajo pero el de agua estancada no lo es.
Elegir mal entre los dos es una de las causas más frecuentes de rotura que solo se descubre en la puesta en marcha de primavera.
Cubrir la piscina: la lona que elijas también puede ser el problema
Una lona de invierno mal dimensionada o mal tensada acumula agua de lluvia en el centro, se hunde y termina colando suciedad y luz justo donde no interesa. Las lonas de invierno están pensadas para eso, para aguantar peso y bloquear el paso de luz que alimenta las algas, pero solo si quedan bien ancladas en todo el perímetro y con un sistema de evacuación de agua de lluvia funcionando.
Las cubiertas rígidas resuelven este problema de forma más eficaz, pero no son intercambiables con una lona: si tu piscina no tiene una instalada, no vale la pena improvisar una solución a medias para un solo invierno.
En ese caso, una lona de invierno bien instalada, revisada cada pocas semanas para retirar el agua acumulada, sigue siendo la opción más razonable.
Los errores que se pagan en primavera
- El agua verde al descubrir la piscina casi siempre viene de dos sitios: un alguicida de invierno mal dosificado o caducado, o una lona que dejó pasar luz por estar mal ajustada.
- El motor que no arranca en la puesta en marcha suele deberse a haberlo dejado parado sin protección de humedad durante meses, o a un intento de arranque en frío sin haber revisado antes que gira libremente.
- Las grietas en tuberías, el problema más caro de los tres, aparecen porque quedó agua atrapada en un tramo que no se vació del todo, aunque el resto del circuito sí se purgó correctamente.
Ninguno de estos tres problemas se soluciona en primavera. Se evitan en noviembre, revisando cada paso en el orden correcto en lugar de dar por hecho que «cerrar la piscina» es una sola acción.
Si prefieres que alguien revise el estado del agua, el circuito y la cobertura antes de cerrar la temporada, el equipo de Uranor se encarga del invernaje completo y del mantenimiento durante los meses de parada, para que la puesta en marcha en primavera sea encender y listo.


